Día de perros o el universo conspiró en mi contra

mayo 9, 2016 - 3 minutes read

día de perros

Cuando se trata de emociones, la mayoría supone que éstas no se pueden controlar ya que son reacciones que se presentan más allá de nuestra voluntad. Bueno, sí y no.

En un principio, la emoción viene naturalmente y no podemos controlar sentirla, sin embargo sí podemos elegir cómo reaccionar ante ella, de tal forma que la convirtamos en algo que mejorar o de la cual aprender; o, por el otro lado, que optemos por dejarnos llevar por la desesperación, frustración o enojo y permitamos que el sentimiento se apropie de nosotros y nuestras acciones.

¿Cuántas veces has pensado que ese día no debiste levantarte o salir de tu casa? ¿Cuántas veces consideraste que “hoy todo salió mal”? No puedo afirmar que siempre es así, pero usualmente cada uno de nosotros crea esos días malos.

Por ejemplo, imagina que no sonó tu alarma, ya sea porque no la programaste correctamente o porque el celular tuvo una falla y no sonó. Cuando por fin despiertas y te das cuenta que se te hizo tarde, te enfureces y levantas apresuradamente y no te fijas que dejaste tu portafolio en el paso y, entonces, te pegas en el dedo pequeño del pie. Así, enojado y con dolor, entras a la regadera y, por la prisa, no puedes esperar a que se caliente el agua y te molestas más porque te estás bañando con agua fría. Obvio, no te da tiempo de tomar ni café, por lo que, si eres como yo y no lo perdonas, tu enojo subirá de nivel. Y qué decir de enfrentarte al tráfico con prisa y mal humor. Aún no dan las 10 de la mañana y ya sabemos de que tu día seguirá por ese camino.

¿Dónde puedo mejorar? ¿Qué hacer cuando todo parece salir mal y me siento frustrado?

No es tan complicado. Respira. En esos momentos de prisa, puedes tomarte 10 segundos para decidir qué va a pasar a continuación: O te dispones a continuar en la dinámica del mal humor todo el día o decides resolverlo. “Ya se me hizo tarde, voy a apresurarme lo más que pueda pero enfocado, consciente y, sobre todo, con una sonrisa.”

Parece tonto, pero te invito a que lo intentes: la próxima vez que te encuentres en esta situación, ríe; aunque sea de forma fingida. Ríe. Y cuando lo hagas, te encontrarás, de pronto, riéndote de que te ríes de algo que no tiene gracia y empezarás a mejorar el momento. ¿Hacemos la prueba?

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