Ingeniería Mental – Lenguaje Inteligente

marzo 16, 2016 - 4 minutes read

De entre los factores que impactan nuestro bienestar emocional, el 40% depende y estar en control de cada uno de nosotros, como ya habíamos señalado. Dentro de ese amplio espectro, se encuentra para mí una de las herramientas más importantes y relativamente fáciles de adquirir y mejorar. Sólo se requiere, uno, darnos cuenta de su importancia; dos, estar dispuestos a identificar cuando no la estemos usando a nuestro favor, y tres, usarla efectivamente. Ese instrumento es nuestro lenguaje.

Cotidianamente se escucha la frase “si no tienes nada positivo que decir, no digas nada” y, a pesar de que es un lugar común, no siempre lo llevamos a cabo.

Lo que expresamos con nuestro vocabulario, forma parte de nuestra mentalidad expansiva o limitativa, que determina la forma en que experimentamos las situaciones y, por lo tanto, cómo reaccionamos ante ellas. Cuando un pensamiento negativo se crea en nuestra mente, toma fuerza cuando lo comunicamos y muchas veces no somos conscientes de que las palabras que empleamos tienen un profundo efecto en nuestra manera de sentirnos, evaluarnos y comportarnos y un fuerte impacto en la manera en que hacemos sentir a los demás.

Todos tenemos frases o palabras que nos hacen reaccionar de forma correcta o incorrecta, lastimando o fortaleciendo relaciones, motivando o desmotivando colaboradores, desarrollando o afectando la autoestima de nuestros seres queridos.

Cambiar una sola frase en nuestro vocabulario ayuda a romper patrones de comportamiento y nos permite reaccionar correctamente y liberar lo mejor de las personas a mi alrededor.

Transforma aquellas palabras o frases que cuando las piensas o las dices te obligan a reaccionar negativamente, acorde a lo que estás diciendo, ejemplo:

Algo sucedió que me molestó mucho, y cuando lo pienso o lo digo utilizo la palabra “Estoy enojada porque otra vez no llegó a tiempo”, la forma en que tengo que reaccionar tiene que demostrar que estoy enojada y seguramente no resultará en nada constructivo que ayude a resolver la situación. Si en lugar de utilizar la palabra “ENOJADA”, utilizo “desencantada”, “desconcertada”, “un poco molesta” o cualquier otro sinónimo que me ayude a reducir la emoción negativa (en lugar de reforzarla), podré expresar constructivamente la situación, dejando espacio para encontrar una solución sin ofender ni lastimar.

Te propongo este sencillo ejercicio de transformación de emociones negativas a través de utilizar el Lenguaje Inteligente.

A continuación, te presento algunos ejemplos con diferentes adjetivos para expresar lo que sientes de manera constructiva.

Lenguaje Negativo   >   Lenguaje Inteligente

Me siento….  >   Me siento……

Enojado   >   Desconcertado

Disgustado   >   Sorprendido

Miedoso, temeroso   >   Incómodo, a la expectativa

Fastidiado   >   Quiero hacer algo diferente

Me heriste, lastimaste   >   Me hiciste reflexionar

Estresado   >   Ocupado, organizándome

Ahora bien, un líder inteligente y constructivo utiliza un lenguaje inteligente hacia los otros y en lugar de acusar, destruir o prejuiciar, construye, propone, escucha y comprende. Para ayudar a que nuestros colaboradores se motiven debemos reconocerles sus talentos y habilidades, reconocerles sus esfuerzos y reforzarles los logros obtenidos.

Cada vez que te descubras utilizando un lenguaje poco inteligente, no te atormentes, simplemente identifícalo, pregúntate por qué lo utilizaste y plantea una nueva forma de expresar lo que necesitas para lograr los objetivos sin herir ni a ti ni a los demás.

“Las palabras forma el hilo con el que tejemos nuestras experiencias”. Aldous Huxley

Fuente: Controle su destino, Anthony Robbins

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