Así es como se hacen las cosas aquí…

agosto 29, 2016 - 5 minutes read

 

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La corrupción y agresión que estamos presenciando y viviendo en cada uno de los gobiernos de los estados de México es una clara representación de la forma en cómo, hoy, se hacen las cosas en México, es decir de nuestra cultura.

Cuando se “sabe” y se “espera” que los políticos se enfoquen más en robar que en tratar de desarrollar estrategias para mejorar los resultados de nuestro país, no podemos mostrarnos sorprendidos cuando, efectivamente, roban y las mejoras en el país son mínimas.

Cuando se respira y se vive agresión y corrupción una y otra vez, no debería sorprendernos que cada vez más personas agredan y corrompan porque “esa es la forma de hacer las cosas aquí”.

Otro aspecto que pone en evidencia nuestro tipo de cultura, es el resultado de nuestra participación en los juegos olímpicos, en donde con 5 medallas podemos ver claramente que no fomentamos ni reforzamos el deporte, como evidentemente lo hace Estados Unidos que arrasó con 121 medallas, al contar con una cultura con sistemas específicos para promover y apoyar el deporte y que dan como resultado súper-atletas.

Las personas que, de alguna manera, tenemos poder, ya sea como líderes políticos o de empresas, somos responsables de crear la cultura a la que la mayoría de las personas se adaptan y, gracias a la cual, determinan sus acciones.

Todos los días tomamos decisiones que van definiendo la identidad (Cultura) de la empresa. Llevar a cabo una transformación en la cultura requiere de un cambio en las creencias y valores que definen comportamientos, hábitos, lenguaje y, por supuesto, nuestras decisiones. Ese cambio, que en resumen, es un cambio de mentalidad, tiene que empezar en los líderes que son los que dan el ejemplo y tienen el poder de hacer que las cosas sucedan. Ese cambio empieza con nosotros y después con todos los que han preferido, hasta ahora, adaptarse a esa forma destructiva e improductiva de hacer las cosas.

Todos sabemos perfectamente bien -porque lo sentimos- cuando estamos trabajando o viviendo en un ambiente negativo y tóxico y, al adaptarnos, permitimos que se vuelva la norma y lo que en un inicio nos parecía inadecuado, incorrecto e inaceptable lo comenzamos a justificar con argumentos para sentirnos mejor, y al final, sin darnos cuenta, nos volvemos uno con esa forma de hacer las cosas, con esa cultura.

No intento generar polémica, sino decir que, para poder transformar nuestro país y nuestras empresas, tenemos que cambiar nuestras creencias e ideas por una mentalidad inteligente y constructiva, que refuerce y premie lo que es realmente importante y busque el crecimiento personal y profesional de las personas, que son lo más importante que tenemos.

La cultura no se crea de la noche a la mañana, de forma mágica; es el resultado de cada pequeña acción, de cada decisión que tomamos con sus consecuencias positivas o negativas y de cada persona con la que interactuamos y que reacciona de acuerdo a esa interacción.

La cultura es la suma de todo lo que hacemos. Si la mayoría de las cosas que hacemos son incorrectas, tendremos una cultura débil; por consiguiente, el problema lo hacemos todos.

Si queremos transformar nuestro país, nuestra empresa o nuestra casa, tenemos que empezar por cambiar esos pequeños comportamientos o acciones que mayor impacto pueden generar; incrementar la capacitación y reforzar el crecimiento personal y profesional de las personas en las empresas; no apoyar la mordida, respetar los lugares de discapacitados, dejar pasar al peatón, no tirar basura en la calle, fomentar el deporte en nuestra casa, saludar a la persona con la que nos cruzamos, reciclar, ser más tolerantes y un largo etcétera.

Puedes hacer que las cosas sucedan más rápido de lo que piensas llevando a cabo muchas pequeñas acciones, en lugar de tratar de crear una estrategia muy compleja.

La cultura es y será siempre una ventaja competitiva, ya lo vimos en estos últimos juegos olímpicos.

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